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PERDÓN

  PERDÓN, así en mayúsculas. ¿Qué te dice esta palabra? ¿Qué es para ti el perdón?

   Para muchas personas esta palabra puede que no signifique mucho porque se han acostumbrado a decirla como quien dice cualquier otra y eso no es, si se dice perdón o se perdona ha de ser siendo conscientes de lo que esto implica.

    A mí la palabra PERDÓN es una palabra que siempre me ha dado respeto.  Y os diré porqué. Porque hubo un momento en mi vida que sentía que pedir perdón era mostrarme vulnerable, mostrarme débil ante los demás, blandengue incluso, ¡y eso no! Eso ¡NUNCA!. ¡PAR FAVAR! 🙂 Yo no podía mostrarme así porque yo era fuerte, era superwoman y a mí nada ni nadie me dañaba y sabéis que? Que JA! que lo único que conseguía era dañarme a mí misma.

   Por el camino y a base de buenos bofetones (emocionales) a  mano abierta de los que pican, aprendí  lo que realmente es el perdón. Y que lejos de creer que es un acto de debilidad es absolutamente todo lo contrario, perdonar  es un acto de valentía, de reconocer, de entender, de empatizar.

   ¿Qué pasa con el perdón? Pues que cuesta, que nos cuesta perdonar a alguien cuando nos ha hecho daño,  y olvidar lo que nos ha hecho ni os cuento. Si a eso le sumamos que somos expert@s en darle vueltas al asunto apaga y vámonos.

   Perdonar no es fácil la verdad, pero tampoco imposible y es un ejercicio importantísimo y necesario para sentirnos bien con nosotros mismos, porque no nos engañemos, a la hora de perdonar el que recibe el perdón no es el mayor beneficiario eh? El que realmente se beneficia es el que perdona.

   El vivir con odios, rencores, iras y demás no solo nos desestabiliza emocionalmente, físicamente esto afecta, empieza el estrés, no dormimos bien, estamos malhumorados…. Mal amig@s.

   Está claro que el perdón no va a cambiar lo que ha pasado, lo que nos hayan hecho o creamos que nos hayan hecho, pero sí que nos va a ayudar a vivir mejor. Y esto va a hacer que cambie nuestro presente que es donde estamos realmente y vivir mejor en el futuro. ¡Y ojo atención! que aunque queramos no es algo que consigamos de la noche a la mañana.

  Perdonar lleva su tiempo, cada persona tiene unos tiempos emocionales, hay que estar preparados para ello. Lo primero es reconocer qué es lo que nos ha hecho daño y quién y qué parte de responsabilidad tenemos nosotros. Reflexiona sobre si realmente quieres perdonar y seguir hacia adelante. Exprésate, libérate, háblalo o escribe lo que sientes si no quieres compartirlo, pero expresa. Y a partir de ahí tú decides si quieres perdonar y liberarte o quieres seguir anclad@ al pasado y a rencor.

   Y ojo que perdonar no significa que tengas que seguir manteniendo el contacto con la persona que te ha dañado si no quieres o no lo sientes,  porque perdonar no hace que ahora todo sea de luz y color con quien te ha hecho daño, si tienes que alejarte de esa persona no pasa nada, pero sin rencor, sintiéndote liberad@.

   ¿Y perdonarse a uno mismo? Amig@s… Esto sí que nos cuesta. Somos durísimos con nosotros mismos y nos castigamos como a nadie.

   Con nosotros mismos pasa al revés. Con los demás enseguida vemos el daño pero cuando se trata de reconocer un error nuestro nos cuesta, porque aquí entra en escena el ego… pero una vez reconocido quietos parados que llega la culpa!! Vaya carrusel de emociones…. Aceptar los hechos, reconocer que somos humanos, que todos nos podemos equivocar y sobre todo aprender del error cometido es esencial para perdonarnos.

   Y como el perdón también se puede entrenar… al lío!! 10 sentadillas y 1 buen perdón y lo tenemos!! Equilibrio cuerpo-mente! 🙂

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