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MI CEREBRO CENTRIFUGA

   Muchas veces nos encontramos por la calle con alguien y después de saludar, como forma de entablar conversación solemos preguntar:

  • ¿Y qué te cuentas?. Y a partir de ahí, comienza un diálogo.

   Pero hoy no te pregunto “qué te cuentas” como inicio de conversación, mi pregunta es literal, ¿Qué te cuentas a ti mism@?.  ¿Sabes realmente qué pasa en esos momentos? ¿no? Genial, voy pues con las presentaciones.

   Con todos ustedes….. nuestro compañero de viaje:                       

“EL DIÁLOGO INTERNO”

   Imagina que te dan una mala noticia, o algo que no esperas. El cerebro va a empezar a mandarte unos mensajes negativos que tú vas a tomar como ciertos pero realmente no lo son, entran sin apenas darte cuenta, son súper rápidos y complicados de parar si no los reconoces. De ahí que yo siempre digo que MI CEREBRO CENTRIFUGA” ¡y a máxima revolución!, coge una velocidad de pensamientos negativos importante.

   En esos momentos empezamos a ponernos en lo peor, anticipándonos a circunstancias futuras (que seguramente ni sucedan), aparece el tan dañino “y si…” o el “seguro que”…  y a partir de ahí entramos en un bucle, que si no lo paramos a tiempo, lejos de mejorar la situación lo que hace es empeorarla. Y digo empeorarla porque si el diálogo interno se mantiene en el tiempo, podemos llegar a enfermar, ya que nos puede llevar a unos estados de ansiedad altos y ahí ya la cosa se pone seria. Nuestra salud se ve perjudicada.  

   Lo que nos decimos y cómo nos lo decimos, afecta directamente a nuestro estado emocional. Por eso es tan importante mantener una sana amistad con esa vocecilla interior que a veces salta por los aires (la mía es realmente molesta, tiene voz de pito, no sé cómo he tardado tanto tiempo en reconocerla cuando aparece ), y aprender a decirle que pare un poco que tenemos que actuar.

   Te adelanto que hay 4 tipos de diálogo interno, el catastrófico, el autocrítico, el victimista y el autoexigente. Solo con estos nombres te puedes hacer una idea de cuáles son sus características. A mí personalmente estos 4 “tipos” no me caen nada bien.

   Llegados a este punto seguro que te estás preguntando ¿y entonces qué hacemos?.Claro, lo he puesto un poco crudo pero tranquilidad, ante todo mucha calma (que decían los Siniestro Total) que aquí tenemos solución para todo, e igual que podemos entrenar nuestro cuerpo, podemos entrenar nuestra mente.

   Mirad, os dejo unos TIPS para que vayáis probando. Cuando veáis que algo os está agobiando y que aparece la vocecilla. Préstala atención (tómate tu tiempo):

  • Olvídate del pensamiento y observa tu cuerpo. ¿Qué notas? ¿estás tensionado? ¿tienes escalofríos?
  • Ponle nombre a lo que estás sintiendo: miedo, ira, estrés…
  • De qué manera te estás hablando para sentirte así; “no sirvo para nada”, “todo me sale mal”…
  • Cuando hayas identificado todo esto mira a ver, porque fijo que estás exagerando, me apuesto lo que quieras J. ¿Qué no sirves para nada? Dale una vuelta que seguro que hay millones de cosas que sabes hacer. ¿A que sí?, pues eso.
  • Vuelve a ponerte frente a “ tu espejo” y mira a ver cómo te sientes ahora que has ido identificando pensamientos y esa vocecilla y mira también tu estado físico, seguro que ya vas “aflojando”
  • Y por último ponte manos a la obra, pregúntate por dónde tienes que empezar a poner solución a esa situación que te está perjudicando ¡Y A POR ELLA!. Porque puedes hacerlo, confía en ti.

 “EL QUE PUEDE CAMBIAR SUS PENSAMIENTOS, PUEDE CAMBIAR SU DESTINO”

-STEPHEN CRANE-

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