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HACIA ADENTRO

Los reyes criaron a las dos hijas por igual, no tenían grandes lujos nunca les falto nada, las querían mucho y a las dos les ofrecieron la misma vida.

La hermana mayor era una chica despistada que vivía con ilusión, pasaba cada día por todos los estados emocionales posibles y cada uno lo vivía adecuadamente. Constantemente se caía, se levantaba, sonreía y seguía a lo suyo, como si nada. Vivía y disfrutaba de cada momento. Era la cigarra de las emociones y el disfrute diario.

La hermana pequeña era todo lo contrario, si creía que se podía caer jugando, no jugaba, si pensaba que se podía manchar el vestido no saltaba charcos, no disfrutaba, vivía siempre en una única emoción. Era la hormiga de las emociones, solo pensaba y pensaba y no disfrutaba.

La hermana mayor la quería ayudar sabía cómo hacerlo, pero la pequeña no se dejaba, ella seguía intentando vivir buscando respuestas en otros sitios, en otra gente, no encajaba en su pequeño reino pero tampoco en ninguno de los lugares que visitó y que ella eligió.

Una noche, sintió un latido muy fuerte. Se metió en la cama asustada, nunca había sentido un dolor igual, pero logró dormirse.

A la mañana siguiente, se levantó, estaba contenta no entendía qué le pasaba, pero sin pensar, con prisa, cogió una pequeña maleta se despidió de sus padres y su hermana y se marchó. Sus padres se quedaron preocupados, pero su hermana les tranquilizó.

Está bien, les dijo, ha escuchado a su corazón.

Y aterrizó en la India. Ella nunca creyó verse en ese destino. Se sorprendió a sí misma. Allí le esperaba un país totalmente contrario a lo que ella conocía. Allí no tenía nada, nadie tenía nada estaba rodeada de la pobreza más absoluta y de personas que aún sin tener nada, no paraban de sonreír. Le ofrecían cobijo, alimentos, todo a cambio de nada. La princesa no tenía nada pero lo tenía todo, se tenía a ella.

Conoció a gente maravillosa que le enseñaron a conocerse, a mirar hacia adentro. Allí su corazón latía y
fluyendo sin pensar en nada más que lo que estaba viviendo, encontró la respuesta a todas sus preguntas, encontró las emociones que ella creía no tener, se encontró con ella y estaba en calma, feliz.

Aprendió que las respuestas están en uno mismo que no hace falta salir a buscarlas fuera, que tanto buscar y pensar solo nos lleva a confusión a no sentir a no disfrutar de lo que la vida nos ofrece, y aprendió que nadie tiene la respuesta a nuestras preguntas, solo nosotros la tenemos.

A su llegada a palacio nadie de su familia la esperaba. Golpeó con fuerza la puerta, abrieron sus padres pero no la reconocieron, esa chica que estaba delante de ellos tenía un gran parecido con su pequeña hija, pero no era ella. Fue entonces cuando salió la hija mayor y les dijo:

Padres, dejadla entrar, es ella, no la conocéis porque se fue princesa y ha vuelto soberana. Soberana de su vida.

Y es así como la pequeña de las hijas cambió y empezó a escucharse y escuchándose empezó a conocerse y conociéndose empezó a sentir y sintiendo aprendió a fluir y disfrutar de la vida, y ahora es ella la que ayuda a otras personas a encontrar sus respuestas. Hacia adentro.

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